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Carrera Profesional de Optometría
PERFIL PROFESIONAL DEL OPTOMETRA DE LA
FUNDACION SALUD VISUAL
Definimos el perfil profesional como el conjunto organizado de valores, principios, normas, criterios, actitudes, conocimientos, habilidades y destrezas, que el Optómetra debe integrar en el cumplimiento de los roles y actividades de su vida profesional. De una manera más didáctica, diremos que es el prototipo o modelo que la Fundación quiere formar.

El proceso de auto-evaluación, contando con el asesoramiento de la Facultad de Optometría de la Fundación Universitaria San Martín de Santafé de Bogotá, Colombia, como Garante Académico Institucional, generó una reestructuración curricular; el primer paso fue la determinación de este perfil profesional que se adecuaría a las necesidades de nuestro país, en los campos específicos de la Salud Visual y ocular, además de la salud general.

El resultado fue el ajuste del Perfil Profesional del Optómetra de la Fundación Salud Visual, el cual está dirigido y encaminado hacia la Salud Pública. Es innovar, respecto del concepto que se tiene del Optómetra ubicado en su óptica o consultorio, esperando que la comunidad acuda a él, en busca de la solución para su problemática visual; dentro de esa dinámica, se pretende que conjuntamente con la participación de la comunidad, del Estado, a través de sus diferentes organismos o intersectorialmente, el Optómetra lidere y ejerza unas actividades que de una manera efectiva y eficaz, contribuyan a la solución de la problemática detectada.
 

El Perfil Profesional del Optómetra está constituido por:
UN PROFESIONAL CON FORMACIÓN INTEGRAL

La Fundación Salud Visual, como institución educativa, ha enfatizado la elaboración del perfil humano, es decir, sostiene la idea axiológica de la persona como un ser libre, digno y trascendente, que basa la construcción de su proyecto existencial en el bien común. Imprime a su quehacer educativo-formativo, este marco de principios cosmovisivos y orientadores en torno al hombre.

El marco doctrinal de la Fundación Salud Visual, contiene rasgos y características que coherente y consecuentemente, se reflejan en la praxis. La antropología filosófica, no es considerada como una simple idea, sino que se constituye en el motor de su proyecto educativo-asistencial.

El Optómetra de la Fundación Salud Visual, tiene una formación integral, accediendo así, al nivel más complejo de la autorrealización humana:
“La Creatividad”.

Como profesional, es formado de manera integral y creativa, siendo capaz de generar actitudes como:

  • Espíritu de solidaridad y compromiso social, que a su vez repercute en la tendencia al trabajo de equipo, es decir, en la actitud positiva hacia la investigación interdisciplinaria.
  • Autonomía con ajuste -no adaptación- realística y crítica a sus circunstancias, con profunda vocación de transformación socio-histórica hacia horizontes cada vez más humanizantes, con mejoras progresivas de la calidad de vida.
  • Permanente referencia a los valores más nobles del hombre (Dignidad y Libertad) en los actos de la vida, por sencillos que sean, como una inspiración continua e ineludible al bien común.
  • Para la Institución, otro postulado esencial es la Investigación, la cual, necesaria e indisolublemente, está vinculada a la Docencia.
    En la Fundación Salud Visual, se revalora la
    “Investigación-Acción” participante.
    Se fomenta el espíritu científico.
    El proceso de enseñanza-aprendizaje, se inspira en la investigación-docencia, se es crítico a la memoria repetitiva y a los hábitos estereotipados, los cuales no hacen más que inducir una personalidad desorientada y enajenada por el consumo.
    Se crea y se recrea el conocimiento, con base en el amor por la ciencia y por la investigación.
    Con el binomio dialéctico investigación-docencia, se orienta, se fundamenta y se construye el aprendizaje.

    Con una visión macrosistemática, todos los estamentos institucionales de la Fundación, los cuales dan cuerpo a la actividad investigación-docencia, se hacen concientes de qué importante es el puesto que ocupan en el contexto social, constituyéndose en centro de creación y recreación del conocimiento.

    Los insumos socio-culturales que se inyectan al proceso educativo-asistencial de la Fundación, no son apropiados en forma mecánica. Son transformados, asimilados y enriquecidos de tal manera, que puedan ser devueltos a la comunidad, mejorando efectiva y eficientemente las condiciones de vida.

    Es importante considerar que la mayoría de las instituciones educativas no investigan, bien sea por premuras financieras o, en la mayoría de los casos, porque han perdido su identidad.

    Enseñan autocráticamente lo que copian de otras fuentes distintas a su seno, practicando la investigación con dogmatismo conciente o inconciente, en función de que “lo único digno del status científico es la metodología experimental en el ámbito de laboratorio”.

    No cabe duda que con el mantenimiento de tal status, se encajonan los hallazgos de la ciencia social en parámetros estadísticos, rígidos y absolutizados.

    No es novedad, que a la ciencia en su aplicación (tecnología), la maquinaria social deshumanizante la convierta en un fetiche, en torno al cual, se impulsa al ser humano a rendir culto a toda su ferretería tecnicista computarizada y a enajenarlo, a través de una idolátrica carrera que lo conduce hacia su propia destrucción.

    Para la Fundación Salud Visual, el conocimiento científico se gesta desde lo más intrínseco de la naturaleza humana. Se es crítico hacia la actitud de adaptación de los educandos, a responder con comportamientos programados ante estímulos externos, tales como la calificación, el título, el reconocimiento o aprobación social.

    En la Fundación Salud Visual, se tiene la misión de buscar y transmitir la verdad por medio de la ciencia. Si la verdad es buscada por medio de la ciencia, la investigación debe ser preocupación fundamental de la educación y si la verdad debe ser transmitida, la tarea es la enseñanza y no la mera transmisión de conocimientos o habilidades. Ello no sería suficiente para aprender la verdad, que exige del hombre profundidad espiritual. La formación-educación, se asume como un quehacer fundamental de la Institución.

    Si bien el anquilosamiento y el quietismo, son factores hoy predominantes en la educación en general, habiendo emulado una torre de marfil (por temor a contaminarse si entra en contacto con la realidad social), la intención Institucional de la Fundación, es “servir a la sociedad a través del trabajo”.

    Cuando la educación se encierra en sí misma, sin considerar los factores que le dan sentido, se aisla del contexto social y se deshumaniza.

    La desconexión con la realidad de algunos procesos educativos institucionales, quizá se deba también a que es presionada por un macrosistema axiológico y socio-económico también en dificultades.

    Dicho problema, no se resuelve poniéndose de espaldas a la realidad, tratando de desconocerla. Para combatir el bloqueo del canal de comunicación “Comunidad-Institución Educativa”, es necesario estimular la interacción socio-afectiva y volitiva en el interior de las estructuras. De lo contrario, los educandos parecerían robots grabando datos, contenidos y fórmulas; se los vería angustiados o, por el contrario, sin ningún tipo de sensibilidad humanística.

    El adormecimiento por la enajenación de la moda y la vida fácil, provoca la idea fija y el acto compulsivo al enriquecimiento rápido y transforma al estudiante en víctima del consumo voraz.

    En algunas carreras, se exige a los alumnos la ejecución de prácticas de sus conocimientos, destrezas y habilidades en forma desaprensiva, sin preveer que al egresar y aplicar sus experiencias académico-científicas fuera de los límites físicos de su institución, se estrellará estruendosamente con una realidad que desconoce.

    La información que debió incorporar, en la gran mayoría de los casos de manera irreflexiva, acrítica y dependiente, hace del profesional un ser habituado y adaptado para la emisión de repertorios inconexos de respuesta (actitudes que muestran inconsistencias, ya que se piensa de una manera, se siente de otra y se actúa distinto a lo que se piensa y se siente) y no a elaborar activamente a la luz del trabajo interdisciplinario y en equipo, criterios claros sobre sus aprendizajes. Utilizando la analogía, se le estimuló bajo recompensas sistemáticas la codificación y decodificación de mensajes, sin lubricar y flexibilizar su codificador.

    La formación integral, prepara al profesional para dar respuesta eficaz y eficiente a las demandas reales de la comunidad.

    FORMACIÓN
    DE EDUCADORES
     Una premisa institucional

    Quien se propone formar educadores admite, implícita o necesariamente, que la naturaleza humana es modificable; que la constitución progresiva de la personalidad pedagógica profesional, se realiza con amplia plasticidad, permitiendo al futuro educador intervenir en el proceso, restando solamente saber la forma y la profundidad de esa intervención; que se puede guiar al crecimiento y a la maduración hacia alguna forma que corresponda a un determinado ideal de hombre. Siendo ideal esta visión del hombre, es una aspiración que se apoya en la comprobación de las posibilidades de perfeccionamiento progresivo visibles en la naturaleza en general. Formar un educador sin esta íntima (o explícita) convicción, sería, si no un absurdo, por lo menos una incongruencia.

    La perfectibilidad del hombre -en su evolución como ser individual y como miembro de una especie- es la premisa sobre la cual se fundamenta el fenómeno de la educación. Sin la posibilidad de formarse, no habría educación.

    Por otra parte, la libertad, expresión de la autonomía del ser personal, supone cambio y posibilidad de perfeccionamiento, tanto en relación con el individuo en sí, como en relación con la sociedad en la cual está inmerso. Educar para el futuro presupone una idea mejor que poseemos, hacia donde pretendemos orientar la juventud sin violentar su libertad.

    Para conciliar la libertad con la educación, es necesario aceptar que la libertad no es un don exterior que el individuo recibe a cierta altura de su maduración, sino la forma natural e intrínseca de la libertad humana, desprovista del equipamiento instintivo de los animales.

    En cada momento la idea del hombre y de la sociedad es una aspiración, la mejor que se nos presenta, dentro del conocimiento que limita nuestra forma de concebirlos. No es la imagen de la naturaleza humana definitiva; es la meta de perfeccionamiento que se nos presenta como la mejor. No es una lectura de revelación de la naturaleza humana; es la creación libre de un ideal que se coloca como meta por alcanzar a través de los esfuerzos planificados que llamamos educación y según los datos conocidos en un momento histórico.

    Es una aspiración basada en la posibilidad de perfeccionamiento, una de las hipótesis posibles, rumbo a la cual el individuo dirige su evolución (ahora de carácter conciente) sin renunciar a su derecho de optar en cada situación alternativa.

    Todo esto no es sino la generalización del fenómeno de evolución, que tiende hacia un perfeccionamiento progresivo, como si la creación fuese una dinámica permanente, impresa en el Universo; dinámica que en un cierto momento toma conciencia de su propio proceso.

    UN NUEVO ESTILO DE EDUCACIÓN ABIERTA PARA LA FORMACIÓN DE EDUCADORES

    La Fundación Salud Visual, entiende que educar es ayudar a crear y que debe constituirse en la anti-rutina y el anti-inmovilismo presente, pasado o futuro. Así, con libertad para crear su estilo pedagógico y el medio en el que se desempeñará, el estudiante se sitúa en un campo de alta movilidad, en el cual tendrá que asumir por sí, la responsabilidad de la reacción, consecuencia de la libertad para concebirla.

    El papel de la institución en el ámbito de formación de educadores, es el de crear condiciones de opción y de libertad, para que los factores deterministas no se apoderen de la evolución. Usará la fuerza del crecimiento como instrumento de educación (es esto a lo que se acostumbra llamar “respeto por la naturaleza de la persona”) y creará condiciones positivas para que la autocreación de la personalidad pedagógica del futuro se haga en la línea del ideal que determinó su actividad educativa, segura siempre de que no puede “donar” dicha personalidad al futuro educador, pero sí podrá crear circunstancias en las cuales la autocreación se realice en su sentido ideal. De aquí la premisa de una Educación Abierta.

    La institución considera que el individuo debe ser materia prima con la cual se construye la personalidad y por intermedio de ésta, la sociedad en la cual ejercerá su profesión. Por otra parte, la regla de construcción -para que se crea en la responsabilidad y en el deber ser- es la libertad de esta autoconstrucción. La educación abierta debe ser la forma de garantizar y no de negar la libertad.

    La meta de la educación, es el proceso de cambio en busca de un mejor ideal personal y social.

    Como lo “mejor” no está predeterminado y como es por el uso de la libertad que cada individuo determina su elección, la institución debe ser pluralista en la forma de ser concebida como sistema y libre en la forma de realizarse con relación a cada individuo. Sólo así se configura la responsabilidad de cada uno sobre el resultado de su acción, toda vez que la construcción es una proyección de la personalidad libremente construida.

    El futuro educador, preparado para una educación así concebida, se siente autor de su historia, seguro de sus resoluciones y convencido de que así como se construyó a sí mismo libremente, podrá también construir la sociedad, sin aceptar ser un juguete en las manos ciegas de un determinismo histórico incontrolable.

    De otra manera, trasladaría al campo social la forma como fue encarada su formación; renunciaría a conducir el fenómeno social, como renunciará a conducir su propia maduración.

    En lugar de recibir los hechos como una imposición a la que no se puede imponer, debe aprender que ellos son estímulos ante los cuales puede optar, produciendo entre ellos y su personalidad, una regulación que determinará los efectos del conjunto, principalmente porque se formó en la contingencia de actuar así, sin que el educador lo sustituyese porque era todavía incapaz de decidir. Tal vez en lo que se refiere a la personalidad pedagógica, sea fácil aceptar la libre creación y la responsabilidad emergente de ella. Pero no sea fácil, en cambio, comprender la responsabilidad emergente de una libre creación de la nueva sociedad.

    FORMACIÓN ACADÉMICA
    DE NUESTROS OPTÓMETRAS
    En cumplimiento con los fines institucionales y en aras de ofrecer la mejor respuesta a sus compromisos con la Sociedad Argentina, la Fundación Salud Visual viene operacionalizando su Proyecto Educativo en Optometría, formando Recurso Humano Profesional, capacitado científica y éticamente, para brindar solución a la problemática de salud oculo-visual de las personas.

    Luego de exhaustivos análisis y confrontaciones con las necesidades de nuestro medio (oferta y demanda de servicios de atención primaria visual) y con base en trabajos de investigación científica institucional, la Fundación Salud Visual considera de especial importancia, una definición del Perfil Profesional y Humano que debe presentar el Optómetra argentino, para reconocerle capacidad de cumplir con los roles que le corresponde.

    No olvidemos que el Optómetra, dentro de su función en la sociedad, debe desempeñar un papel importantísimo como profesional y que a través del correcto manejo de su ciencia, tecnología y ética, cumpla roles decisivos en el desarrollo social de nuestra nación.

    La Fundación Salud Visual, observa como resultado de la permanente autoevaluación institucional, que el Optómetra debe asumir dentro de su ejercicio profesional determinados roles que surgen de su formación integral:

        • Asistencial
        • Investigador
        • Docente
        • Asesor
        • Administrador
    Asistencial

    Comprende todo lo relacionado con el diagnóstico, prescripción, control, prevención y profilaxis a problemas de refracción, sensoriomotricidad, óptica oftálmica, urgencias y primeros auxilios oftalmológicos.

    Por otro lado y dentro del desarrollo de este rol, el Optómetra debe estar en capacidad de dirigir, fomentar y coordinar el trabajo comunitario, formando líderes en la comunidad que colaboren en la Educación Visual y participen en la elaboración de soluciones tecnológicas de bajo costo, para ampliar la cobertura de los servicios del Optómetra.

    Además, trabajar con la comunidad receptora de sus servicios, para la identificación y satisfacciones de necesidades de salud.

    Investigador

    El Optómetra, debe generar conocimientos nuevos y desarrollar y adaptar tecnologías de manera eficiente a nuestro medio, como resultado de su proceso de investigación o de participación de investigaciones multidisciplinarias.

    En la estructura curricular de la carrera de Optometría de la Fundación Salud Visual, se aprecia la integración de las distintas áreas y subáreas con el modelo de entrenamiento, con el fin de capacitar al estudiante para el desarrollo de esta disciplina fundamental.

    Docente

    El Optómetra, al igual que cualquier persona miembro de una comunidad, debe educar en el ejercicio de este rol; principalmente debe capacitarse para evaluar objetivos de programas ya establecidos, identificar necesidades de enseñanza-aprendizaje y programar planes y proyectos, con énfasis en la Salud Visual.

    El Proyecto Institucional de la Fundación Salud Visual, enfatiza la formación del estudiante para que se responsabilice de su autogestión educativa y comprenda la necesidad de la educación continuada y la permanente actualización científica.

    Asesor

    El Optómetra, debe estar altamente preparado para la programación y evaluación de planes y proyectos encaminados a la solución de problemas de Optometría Ocupacional e Industrial, tanto a personas como a instituciones, con especial énfasis en ambientación y seguridad, prevención y profilaxis visual.

    Administrador

    El Optómetra, como profesional de la salud oferente de servicios y bienes y, receptor de bienes y servicios, debe tener la preparación para el manejo de planeación, ejecución, control y evaluación de actividades propias de instituciones de salud o sectores afines y administrar su ciencia y tecnología como también la salud visual de sus pacientes a través de los niveles de atención primaria, secundaria y terciaria, pero también estar en condiciones de administrar recursos humanos, físicos, financieros y otros, para solucionar en forma eficiente y productiva las necesidades detectadas.